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Racing cree en Menotti
Quienes se creen graciosos suelen llamarme Triple Efe; quienes me quieren bien se limitan a la primera sílaba de mi primer nombre y, entonces, me dicen Fer. Estoy cursando quinto año del bachillerato y, según parece, tengo una inteligencia más que regular y soy uno de los mejores alumnos. Me gustan las ciencias, pero más me gustan las letras y me agradaría, cuando domine mejor el idioma, escribir novelas con argumentos complicados, como, por ejemplo, David Copperfield.
Mi papá es el doctor Marcelo Ferretti, abogado de prestigio y con fama de hábil hombre de negocios. Es inteligente, perspicaz, eficaz e impaciente: como él mismo dice, «si hay que hacer algo, se hace en seguida, y a otra cosa». Aborrece el fútbol y, en general, toda actividad que dé lugar a «manifestaciones masivas de la inagotable estupidez humana». Mi mamá aparenta estar siempre de acuerdo con lo que él dice.
Habitamos un enorme piso de una torre de la calle Juramento, cerca de la estación Belgrano R. Creo que se nos puede llamar gente de clase media alta: vivimos con holgura, nos tomamos vacaciones en lugares costosos, y viajamos con cierta frecuencia fuera del país. Yo, con sólo diecisiete años, conozco Estados Unidos, Canadá, México y Brasil, además del Uruguay (pero, ¿quién no ha estado alguna vez en el Uruguay?). También conozco la mayor parte de los países de Europa occidental. Como soy asiduo lector de Dickens y de Conan Doyle, me hubiera gustado conocer Londres, pero mi papá dice que, si consintiese en que un solo centavo suyo fuera a parar a las garras de la BBA (Bestia Británica Asesina), él, como castigo, se impondría la penitencia de destapar cloacas veinticuatro horas diarias durante el resto de su vida. El respeto a esta cuestión de principios nos ha llevado a conocer lugares tan extravagantes como Islandia o Letonia, eludiendo, a la vez, las islas cuyo mero contacto habría condenado a mi papá al perpetuo trajín cloacal.
Cuando tenía diez años me ocurrió algo que me atrevo a calificar de decisivo. Hasta ese momento, yo tenía la idea de una cierta actividad llamada fútbol que ocurría sobre todo —y quizás exclusivamente— en televisión.
Cierto día de aquella época pasada, recibí, de parte de Diego Martín Viale, una invitación para ver, en el propio estadio, un partido de fútbol. Así, y sin saber bien por qué, me encontré en el asiento trasero de un auto, junto a Diego Martín Viale, que, además de vivir en mi mismo edificio, es mi amigo de toda la vida. El auto era manejado por el padre de Diego y, junto a él, viajaba un amigo de éste, llamado Tito. El auto tomó La Pampa y después la avenida Figueroa Alcorta: todos íbamos al estadio de River Plate, donde el equipo local jugaba contra Racing.
El padre de Diego, Diego y el amigo llamado Tito eran, según siempre lo proclamaban clamorosamente, hinchas de River. Los tres se cubrían con gorritos blancos y rojos que ostentaban el escudo de River y diversas leyendas; además llevaban cornetas y banderines blancos y rojos.
Yo, en cambio —ya que el fútbol no me interesaba—, no llevaba distintivo alguno.
En el estadio nos ubicamos en la tribuna oficial, donde estaban los hinchas de River. Sucedió que —según algo ya parecido a una costumbre— también en esa ocasión River derrotó a Racing.
Todos los de nuestra tribuna festejaron el triunfo de River. Todos, menos yo. Porque a mí, al ver —por primera vez en mi vida— a Racing en el campo de juego, con sus jugadores vestidos con pantalones negros y camiseta a franjas verticales celestes y blancas..., ¿qué me pasó?
Me pasó que, a pesar de que Racing había perdido, ¡me enamoré de la Academia!
Y, entonces, en vez de compartir la alegría y la exultación de los riverplatenses que me rodeaban, sentí deseos de hallarme en la otra tribuna, en la tribuna alta que está de espaldas a la avenida Figueroa Alcorta, de estar en aquella tribuna también repleta, repleta de personas cuyos rostros yo no podía discernir, pero que tenían banderas y bombos y estandartes celestes y blancos.
Cuando estuve de regreso en casa, yo ya era otra persona. Desde ese día, el Racing Club de Avellaneda (ciudad donde yo jamás había puesto el pie: yo había estado en Washington y en París y en Berlín, pero no en Avellaneda) pasó a formar parte de mi vida y no sólo de mi vida, sino también de mi espíritu.
(Desde de aquel momento, unas dos veces por mes visito la ciudad de Avellaneda. En rigor, no visito la ciudad: hago siempre el mismo camino, el que desemboca en el estadio de Racing.)
Y aquí es cuando debo decir —con un poco de soberbia, es cierto— que sólo los hinchas de Racing podemos entender el maravilloso, inexpresable e intransferible sentimiento de, precisamente, ser hinchas de Racing. Desde nuestra excepcional condición, hasta podemos mirar con cierta lástima a los hinchas de otros cuadros, groseramente exitosos. Ser de Racing es una magia, y es una suerte de gloria que los adictos a otros cuadros no pueden ni siquiera presentir.
(Cuando alguien dice «Fulano es Gardel», quiere decir «Fulano, en su actividad, es el número uno». Porque Gardel, en su actividad de cantor de tangos, es el número uno de todos los cantores de tango que en este mundo han sido, son y serán. Y, a su vez, es cosa sabida que Gardel, el número uno, era, como no podía ser de otro modo, hincha de Racing.)
Claro, desde hace muchos años, vivimos de recuerdos. En el caso de nosotros los jóvenes, para peor, de recuerdos de otras personas.
Ellas me han contado las hazañas del equipo del 66, el más eficaz de toda la historia del fútbol profesional. Entonces quise documentarme: concurrí a La Nación y a La Prensa y a El Gráfico para consultar revistas y diarios viejos y así pude conocer —como jóvenes futbolistas, no como maduros directores técnicos— a Perfumo y a Basile, a Maschio y a Cárdenas, y a Rulli y a Díaz, y a...
Y me fui aún más atrás. Y conocí a Dellacha, y a Pizzuti, y a Belén. Y conocí la carita triste de Corbatta, que, según dicen, lo único que sabía hacer era jugar al fútbol, ¡y cómo!, y que fue el mejor puntero derecho del fútbol argentino y que murió hace muy poco en la miseria.
Y todavía más atrás: Gutiérrez, Méndez, Bravo, Simes, Sued...
Y me remonté a épocas casi prehistóricas, y supe que, cuando River, en 1932, obtuvo su segundo título, ya Racing tenía ganados nueve campeonatos.
Otros tiempos.
Lo cierto es que vivo de recuerdos.
Pero, cada tanto, de noche salgo a hacer una cosa que mi papá reprueba con furor. Dice que, a los que pintan las paredes con leyendas (siempre estúpidas), con todo gusto les pegaría una patada en el culo para incrustarlos de cabeza en la pared así mancillada. Mi papá es así: aborrece los errores, las infracciones, los olvidos, la ineficacia, la ignorancia, la idiotez.
Tiene razón. Pero, sin que él siquiera lo imagine, eso es precisamente lo que yo hago a veces, en ciertas noches en que me acomete una especie de fervor casi religioso, una suerte de fanatismo casi místico, y entonces salgo a la calle con un aerosol, y frenéticamente, como un loco, recorro cuadras y cuadras y cuadras, y voy escribiendo en las paredes las tres mágicas frases que indican mi amor por la Academia y mi aborrecimiento hacia los dos cuadros especialmente detestables:
Racing capo, Boca puto, Rojo botón.
No soy el único, lo sé. He visto estas leyendas en todas partes de Buenos Aires, y las he visto en Banfield y en San Isidro, en Hurlingham y en Ramos Mejía, en Mar del Plata y en Córdoba. Y hasta las he visto, trazadas en letra pequeña con un marcador de fibra, en uno de los impolutos baños públicos de las Torres Gemelas de Nueva York. En tal ocasión mi papá dijo: «Éste ha de ser algún pelotudo compatriota nuestro, que, con su incultura, nos hace quedar mal ante estos yanquis de mierda.» Mi papá es así. Pero yo, en lugar de enojarme, me sentí orgulloso de ser argentino y de ser de Racing.
Racing capo, Boca puto, Rojo botón.
Apóstoles invisibles e incansables ultrajan sin cesar los muros de las calles con estas leyendas. Yo soy uno de estos apóstoles; no ignoro que mi papá tiene razón, que es una infamia manchar las paredes, pero no puedo contenerme y, cada tanto, a veces impulsado por algún acontecimiento desencadenante, me lanzo de noche a la calle, con un aerosol, y escribo las paredes con las tres frases catárticas, y después, en letras más chicas, dejo mi firma: que no crean el desconocido Ariel, del Once, o el ignoto Fede, de Villa Urquiza, y el resto de los apóstoles, que son capaces de escribir el conjuro más veces que yo.
Después, al regresar a casa, habiendo arrojado el ya exhausto aerosol, voy canturreando bajito esta estrofa:
No me importa lo que diganBoca, el Rojo y los demás.Yo te sigo a todas partes:¡cada vez te quiero más!
La ciudad de Buenos Aires, espacio mítico teratológico cuanto burguesamente aleatorio en función del trasfondo epocal cuya totalidad dialéctica se manifiesta según un eje catalizador temático isotopía/anisotopía, aparece sincrónicamente como zona privilegiada de mensajes congelados en articulaciones retóricas, reiteradas centenares de veces:
Racing capo, Boca puto, Rojo botón.
Esta escritura se halla vinculada, mediante líquido pictórico de variada gama cromática, a paredes y muros, y configurada por seis semas que instalamos verticalmente según los siguientes ejes axiológicos:
Sema 1: Racing,
Sema 2: capo,
Sema 3: Boca,
Sema 4: puto,
Sema 5: Rojo,
Sema 6: botón.
El emisor del mensaje suele replegarse, a partir de una teleología testimonial de veracidad cuanto menos dudosa, a una estructura anonimal (no obstante aparecer exocéntrica y simetrofóbicamente firmas —signos o señales— de no más de cinco grafemas: Ariel, Fer, Fede, Ale).
Siendo los emisores plurales, se instaura en el mensaje una desconexión uniformadora, que remite a la autoagresión descalificante de no delimitar de manera unívoca los sememas que se originan en la combinación de los seis semas fijados con previtud.
El registro documental en una serie significativa de estructuras de ladrillos y argamasas, y la repetición de una constelación de unidades configuradoras más o menos regular, nos permite una resolución trinaria de este discurso en los tres sememas que siguen:
Semema 1: Racing capo.
Semema 2: Boca puto.
Semema 3: Rojo botón.
Los tres sememas se autosignifican en construcciones nominales de núcleo sustantivo y modificador adjetivo, paralelismo que nos remite de inmediato al orden burgués insertado en la cultura antidialéctica deshistorizada.
I) El primer semema (Racing capo) se articula en un núcleo sustantivo italiano capo y un modificador genitivo inglés (racing), bilingüismo propio de nuestra cultura dependiente de los centros civilizatorios del poder. Una primera aproximación traduccional nos ayuda a decodificar su significado español: capo en italiano significaciona más o menos «jefe» o «líder»; el inglés racing = carrera (gerundio del verbo to race = correr) funciona en este caso puntual como complemento sustantivo prepositivo. Intentamos ahora la reducción paratáxica del mensaje y obtenemos:
A) EL JEFE DE LA(S) CARRERA(S).
II) En el segundo semema (Boca puto) la construcción no es, como en el anterior, adjetivo + sustantivo, sino sustantivo + adjetivo, lo cual nos remite a una jerarquización (aristocrática y antidemocrática) que efectúa un desplazamiento desde arriba hacia abajo. Esta razón doctrinaria reubica la postulación del autoritarismo en el significante lexémico.
La manifestación discordante en el nivel sintáctico (boca [sustantivo femenino] + puto [adjetivo masculino]) privilegia, desde la superestructura cultural reaccionaria, la censura y el rechazo a los contenidos investidos en la homosexualidad. El planteo dicotómico y encubridor es, entonces, en una primera decodificación: «la boca [es] puto/a». Pero su núcleo significante, en una segunda decodificación, será: «la boca (es decir, el órgano fonador y expresor del lenguaje y de las ideas) es puta», «las ideas (a expresar en el plano de su profunda literalidad) son putas, y deben, por tanto, ser acalladas, matadas, retrosignificadas de silencio». Esto nos permite la explicitación del segundo semema según esta secuencia hiperotáxica:
B) LAS IDEAS NO DEBEN EXPRESARSE.
III) El tercer semema (Rojo botón) se reitera a sí mismo en construcción sintáctica repitente de la del primer semema, reformulada en rojo (adjetivo) + botón (sustantivo). O sea botón rojo, es decir, resuelto desde el espacio judicativo estructuralista según el siguiente actante global maniqueísta:
En la organicidad subyacente a todo maniqueísmo surgen, en agudas contradicciones internas, sus opuestos, y, en un proceso de retroversión de categorías extrapoladas, la serie excluyente se torna subsidiaria de la serie incluyente, y se inaugura así la desacralización e inversión del primer modelo mítico-ritual en este segundo modelo dogmático, donde la conciencia de clase dominante incorpora, o comete acto de restitución, con los botones blanco, azul, amarillo, verde, violeta y marrón, rechazando, hacia una zona desarraigada de la instancia ideológica, a todos los botones rojos. Cosmovisión autoritaria e individualista que no da cabida, en prendas de color alienado, a botones rojos, el color categórico intrapolado de la propuesta liberadora revolucionaria. De manera tal que también el tercer semema puede reducirse, desde un modelo tipológico a-compromesal, a este criterio actancial:
C) LA REVOLUCIÓN SE AUTOPRIVILEGIA EN LA LEJANÍA.
Ahora bien, habiendo ya fijado los espacios predictivos de los tres sememas, intentaremos emprender un camino de catalización temática que nos permita sintetizarlos en un mensaje de inserción en el significado último. Tenemos una escena nodal tripartita, con tres núcleos significantes asimétricos, que se iluminan y se reformulizan recíprocamente:
a) El jefe de la(s) carrera(s) = [Racing capo].
b) Las ideas no deben expresarse = [Boca puto].
c) La revolución se autoprivilegia en la lejanía = [Rojo botón].
a) ¿Quién es el jefe de la carrera (= «transcurrir vital») sino lo que, en la instancia ideológica, podemos remitir a la concepción esencialista de la clase dominante? (Semema 1).
b) ¿Qué ideas no deben expresarse sino precisamente aquellas que, a partir de la instalación definitiva del referente cuestionador, denuncian la desorganicidad del encuadre del modelo burgués? (Semema 2).
c) ¿Qué es la lejanía sino la antítesis del encuadre geopolítico que se define por su cercanía a los centros del poder, y por qué, entonces, congelarla en su resignificación? (Semema 3).
Relexicados los tres sememas, podemos intentar el rescate semantémico de conjunto en un solo mensaje antimovilizador:
La clase dominante = [Racing capo].
no permite que se expresen las ideas cuestionadoras = [Boca puto].
de la instancia revolucionaria = [Rojo botón].
Aquí termina (provisionalmente) este trabajo de campo de nuestro seminario, que tuvo lugar desde el 1º de abril hasta el 30 de junio: fueron tres meses de apasionantes discusiones en su seno, que concluyeron muy fructíferamente con el desciframiento de estas tres frases terriblemente reaccionarias:
Racing capo, Boca puto, Rojo botón.
ORESTE, SIN “S”…
Hace algunos años, por un accidente que tuve en una pierna, debí internarme durante tres meses en el Hospital Fiorito de Avellaneda.
Como toda internación, los días se me hacían interminables. Para mí, todos los días y todas las noches eran iguales. El movimiento de médicos, enfermeras y el contínuo rodar de las camillas eran una rutina difícil de sobrellevar.
Sólo una cosa rescato como algo que me alegraba el alma y que me hacía soportar esos momentos amargos: Domingo por medio, a partir del mediodía, por las altas ventanas con postigones que daban hacia las vías del ferrocarril, penetraba un canto que para mí, créanme, era celestial. Era nada más ni nada menos que el canto de la hinchada de Racing que copaba el cilindro de Avellaneda. La cercanía del estadio con el Fiorito hacía que los gritos, cantos y ovaciones de su hinchada sonaran como surgiendo desde el cráter de un volcán y se desparramaran por todo el cielo de Avellaneda como si fueran estrellas del firmamento que penetraban en bandadas por los ventanales del hospital. Cuando ya podía desplazarme libremente por todo el piso, comencé a visitar la confitería del edificio y así poder matar el tiempo con algo distinto, un café, una charla con alguna otra persona, una conversación con el mozo…
Y aquí me detengo. El mozo que atendía el local era un hombre de aspecto endeble, flaco, muy flaco, más bien bajo, de cara angulosa, con nariz afilada, ojos vivaces y pelos revueltos. Sin embargo, a pesar de la fragilidad que denotaba su cuerpo, era llamativo verlo desplazarse por entre las mesas y sillas, dribleándolas en velocidad como si fueran obstáculos a eludir, asemejándose en sus movimientos a una anguila que se desplaza por el agua…
Un día, cuando recorría esas instalaciones gozando de la música celestial que llegaba desde la tribuna de la hinchada Nº 1 me ubiqué en una mesa cercana a la ventana, dispuesto a tomar un café. Me sorprendió verlo al mozo, inmóvil, parado frente a la ventana, con la vista fija en el viejo cilindro de cemento que a esa hora ya era un volcán. Lo llamé, pero no me escuchó… Me acerqué y grande fue mi sorpresa cuando ví que el hombre enjugaba un par de lágrimas que caían por su rostro, mientras miraba fijamente las colmadas tribunas del cilindro y escuchaba con emoción el grito de la acadé…la acadé…!!! -¿Que le pasa, maestro? ¿Tiene algún problema?, le dije. ..es la hinchada de Racing…!! No me respondió. Solo me miró casi avergonzado por haber sido descubierto en esa actitud. -¿Que pasa, maestro? Le repetí.. ¿Lo puedo ayudar en algo? -No, pibe, no es nada, me respondió. Claro que es la hinchada de Racing…!! Y, por favor, no me digas maestro, agregó. A mí todos me conocen por el “loco”… aunque mi nombre es Oreste… > Oreste, sin “s”, sabés?.
Primero no entendí. Luego la memoria se me iluminó… Y entonces recordé que mi viejo siempre me contaba que allá por los años 50 Racing tenía un wing derecho, el mejor que tuvo en su historia, me decía, que hacía contra la raya de cal sorpresivos y desequilibrantes movimientos de cintura y de piernas, que desorientaban a los rivales que pretendían marcarlo… -Era tan imprevisible y ocurrente como sólo puede serlo un loco, me había dicho. Otros dijeron que era “el dueño de la raya de cal” o simplemente “El dueño de la raya”, ya que cuando él agarraba la pelota en ese sector era casi imposible pararlo o robarle el balón…” Ese wing, me había dicho mi viejo, se llamaba Oreste Osmar Corbatta. Oreste, sin “s”… como a él le gustaba aclarar… Y le decían el “loco”… -Ya te traigo el café, pibe, me dijo. Me quedé observándolo, con sorpresa y admiración. Claro … no podía ser otro… Y se alejó, como siempre, desplazándose por entre mesas y sillas, dribleándolas en velocidad y ahí, esas mesas y sillas del bar se me transformaron en imaginarios marcadores de punta que quedaban descolocados y en ridículo ante los amagues y piruetas que les hacía comer el “loco” Corbatta…
Hoy, rememorando su figura, aún veo su silueta recortada en el marco de la ventana que da a las vías del ferrocarril, embelesado y lleno de emoción añorando en secreto sus tardes gloriosas vistiendo la blanquiceleste Nº 7 y deleitando con sus habilidades a esa, su hinchada, la bien llamada Nº 1.
MARTIN CABRAL
¿De que jugaba...?
"Asi que me venis otra vez a pedir plata -bramo don Julio indignado coimo dicen que hace tiempo no se le escuchaba- Queres plata...Decime vos quien te crees que sos. No sabes que aca yo soy eterno y vos apenas uno mas en el todo pasa".
De Tomate miraba con cara de poker pensando que, al igual que con algunos periodistas o entrenadores de turno, con dos frases optimistas finalmente se saldria con la suya.
Un par de años en esto -decia don Julio gesticulando sentado en su sillon- y resulta que la gente de Racing te odia mas a vos que a mi, que estuve pacientemente casi 30 años cagandoles la vida. Nooo pibe -le dijo moviendo el dedo indice- no, a Racing lo cago yo me entendes. No te vas a llevar los laureles, por mas que hasta los de mi equipo, MI EQUIPO, no, que Arsenal, Independiente, los de mi equipo de la camiseta roja que lleve toda la vida te quieren mas a vos que a mi. No viejo, en Estados Unidos serian muy elegantes, pero aca no me jodas. Este es mi kiosco, en vez de pedirme plata paga lo que debes. Ah, y voy a mandarte al frente, eh, sabelo. Y chau".
De Tomate se fue de esas oficinas a las suyas. Subio con una mueca de contrariedad al auto que lo esperaba, le pidio un pañuelo de papel al chofer porque habia comenzado a transpirar y este le dijo: "disculpeme, entiendo sus ocupaciones, pero no se olvide de reintegrarme las dos cajas de Carilina que le di el otro dia". No le contesto. Si le dijo que no haga el camino de siempre, sin darle explicaciones. En realidad queria evitar que el panchero de la esquina le reclamase nuevamente por unas monedas falsas que le habia dejado para pagarle unas salchichas que se clavo alli simulando ser un hincha de Racing. En el breve trayecto leyo que Racing habia bajado dos posiciones en el ranking internacional de clubes. Paso del puesto 5211 al 5213, lo habian superado el Harare Warriors de Zimbabwe y el Lagartos United perteneciente a las Islas Feroe. "Esos rankings son una mentira, que truchos" pensaba. En eso estaba cuando escucho un grito "De Tomate boton", un hincha lo habia reconocido. Le pidio al chofer que acelere
Al llegar a la oficina entro por la puerta de servicio porque en la entrada los empleados protestaban por los cheques rebotados que les habia entregado la empresa. Quiso ver estadisticas comerciales de comidas para perros, pero le habian cortado el servicio de Internet hace unas horas por falta de pago. Recordo en ese momento que iba a hablar con una emisora radial partidaria (partidaria de De Tomate, claro) y comenzo a buscar una frase rimbombante de impacto, para la situacion , como hacia siempre. Busco en los papeles donde figuraban "Vamos a traer a Rivaldo" "Racing va a ser una institucion modelo en America del Sur", "promocion vamos a las copas", "vamos a hacer 30 puntos y clasificar a las copas" "a Mico lo va a buscar el Manchester" "seguiremos el ejemplo de Lanus" entre otras frases. Tenia una preparada incluso si Racing descendia "conozca la Argentina con Racing", pero le dijeron que no era recomendable en este momento porque ademas en el Nacional B no hay publico de visitante. Entonces resolvio diciendole a su secretaria que suspendiese la nota. "La secretaria no esta porque le deben 5 meses de sueldo, se fue y dijo que no viene mas". le contestaron del otro lado del telefono. "Que imbeciles" penso "mas de cuatro quisieran estar trabajando en esta empresa modelo". Siguio en lo suyo. Estaba en tratativas de comprar el 50% del pase del nieto del ayudante de campo de la reserva, que era un pibe de 6 años que prometia, por un sandwich y una coca, para hacer el negocio de siempre y despues venderlo para su empresa al quintuple. En eso gasto el resto de la tarde.
Antes de irse llamo a sus consejeros en la empresa."Los mande llamar porque tengo una inquietud y quisiera saber si alguno de los tres me pueden asesorar, mas alla de que ninguno de nosotros sea de Racing" -les dijo apenas se sentaron a su alrededor. "No es por la contratacion de nadie, ni para hacerle una cama a Llop ni ninguna actividad de esas. Estoy cansado de que me verdugueen todos, la gente, el periodismo, con que no se nada de Racing ni de futbol. Por eso voy a hacer una disertacion ante algunos medios, los de siempre no?, en la que quiero comenzar recordando a alguna gloria de Racing. Para tal efecto me entere hace poco que una de las calles de la la direccion del estadio de Racing es el apellido de uno de los mas grandes jugadores de Racing y del futbol argentino. Ahora, hay una duda que tengo y por eso los llame y les pregunto a ustedes. Diganme...¿De que jugaba Mozart...?
CARLOS GRANERI
El Equipo de Jose
Libro de Carlos Balmaceda (extractos)
Cache, Mostaza, cache
Cuando los policías,alertados por la sirvienta entraron a la casa,el tiempo oportuno o conveniente para su ingreso ya había pasado,el perro había dado sobre el cuerpo yaciente una última dentellada en la garganta,sacudido con furia su cabeza y arrancado vida. Luego el animal,ya con falta de enfado se echó sobre una alfombra pareciendo haber desempeñado un cometido. Las averiguaciones no supieron precisar como el animal había ingresado a la casa e indicaban que la víctima sería un empresario,gerenciador de un club de fútbol. Al ser retirado el animal,algunos testigos oculares manifestaron lo que luego se comprobó,ese perro ya había sido noticia,cuando un noticiero lo mostró haciendo guardia en la puerta de un hospital barrial,donde fué internado su dueño,quién allí falleció.Pasaba días fielmente en vigilia a la espera de su amo. En aquél entonces vecinos le comentaron al cronista que el perro era muy bueno y que su dueño lo llamaba Mostaza, por quien fuese técnico del equipo del que era simpatizante y por el que sufría mucho. Hoy y luego de las gestiones de una protectora de animales ante quienes pensaban darle otro final ,el perro dá y recibe cariño de gran cantidad de gente que se le acerca en un campo de deportes en Avellaneda.
Leonardo Tarrío
PRIMERA VEZ, A LOS 51

Gracias a la filial por primera vez en mi vida con mucho orgullo visite la cancha. Fue el 28 de agosto del 2007 contra River, 1 a 1. Mi emocion fue doble porque me trae muchos recuerdos de mi viejo y la satisfaccion es haber estado con mi hijo. Desde que sali de Comodoro queria estar, si o si, tal es asi que cuando la combi nos fue a buscar para llevarnos a la cancha, el corazon me latia mas intensamente porque estaba mucho mas cerca de mi sueño y mientras ibamos cuando llegamos a Avellaneda me llamo la atencion que en cada esquina estaban los ambulantes con los colores celeste y blancos y yo en cada esquina miraba a ver cuando aparecia la cancha. De repente vi una parte, digo alla esta, no puede ser y cuando nos dejo la combi como a 3 cuadras y fuimos caminando y eso me saco viste, acercarme paso a paso a ese coloso, fue muy emocionante. Encontrarse despues con la gente, increible, al entrar viste te revisan te palpan, mi hijo entro primero, a mi em revisaban porque tenia un bolso lleno de banderas,el sube mira y me dice papa apurate, no sabes lo que es. Inolvidable. Yo le comento a la gente que haber estado ahi me hizo mal, sabes por que? Porque al domingo siguiente yo queria estar y ya estaba de vuelta en Comodoro, que hijos de puta no puede ser, quiero estar alla (Oscar Reinoso)
En San Julian hace 70 años , Racing

Soy hincha de Racing desde los 8 años, naci en San Julian, provincia de Santa Cruz. En Puerto san Julian viviamos a una cuadra de la cancha de Racing (de San Julian) que quedaba a su vez en la costa del mar, en la bahia de San Julian. Mi papa me invito un domingo a ir a la cancha a ver el partido. Jugaban Racing e Independiente, eran los dos unicos clubes que habia. San Julian era un pueblito chico, tres mil habitantes. Mi papa cuando emtramos a la cancha me dice "bueno, mira ahora observa los equipos cuando salgan y despues me decis que color es el que mas te gusto.". Salio primero Independiente, no se me movio un pelo, en San Julian la camiseta de Independiente es con barras negras y rojas. Cuando salio Racing que si es celeste y blanca, me impacto, no se siempre fui muy patriota quise mucho a mi tierra Argentina. Cuando vi esos colores dije que cosa mas linda, me llego hasta el alma. Mi papa me pregunto, "¿y...te decidiste?", y el que salio segundo. Hoy tengo 78 años, quiere decir que hace 70 años que soy hincha de Racing (Eduardo Uglesich)
CUMPLIR 15 EN RACING

De chiquita queria entrar a la cancha, nunca habia podido entrar al campo de juego, no queria una fiesta de 15, pero si entrar a la cancha, sacarme una foto con mis amigos ahi. Mis viejos sabiendo eso empezaron a averiguar a traves de la filial si existia la posibilidad de ir a la cancha con mis amigos y si se podia jugar un partido de futbol para hacer un videoclip para mis 15. Nos dejaron entrar con mis amigos y amigos, jugamos un partidito de futbol al costado de la cancha. Estuvo muy bueno, fue casi un mes antes del cumpleaños y lo pasamos en una pantalla gigante. Entre mis amigos habia hinchas de otros cuadros, hasta habia de Independiente. Fue en el costadito por donde estan las plateas VIP, pusimos un par de buzos haciendo de arcos y el camarografo nos iba diciendo lo que haciamos. Ahi no me cantaron en realidad el feliz cumpleaños pórque teniamos poco tiempo, mas o menos una hora. (MAYRA MARQUEZ)